Mis primeros "reyes magos"
Recuerdo perfectamente mi primera “interacción oficial” con los Reyes Magos en mi pueblo. Y no, no fue un encuentro tranquilo ni lleno de solemnidad… más bien fue una mezcla entre emoción desbordada, nervios infantiles y un pequeño desastre logístico digno de contar. Todo empezó la tarde del 5 de enero. El pueblo estaba revolucionado: luces, gente en la calle, abrigos que parecían armaduras contra el frío y ese olor a roscón que lo impregnaba todo. Yo, con una ilusión que no me cabía en el cuerpo, llevaba días ensayando mentalmente cómo pedir mis regalos. Tenía el discurso preparado mejor que un opositor… pero claro, nadie me avisó de que los nervios iban a jugar en mi contra. Cuando por fin apareció la cabalgata, aquello me pareció más espectacular que cualquier superproducción de cine. Caramelos volando, música a todo volumen y los Reyes saludando como auténticas estrellas. En ese momento yo ya no era un niño: era un estratega en misión crítica… había que conseguir el máximo número d...